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SONETO A CRISTO CRUCIFICADO No me mueve, mi Dios, para quererte
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
No me tienes que dar porque te quiera,
Anónimo: Atribuido a Santa Teresa |
Muchas gracias a Luis Manzano Serrano que nos proporcionó esta versión. Este soneto fue incluido por don Marcelino Menéndez Pelayo en sus Cien Mejores Poesías de la lengua castellana.