Sólo la muerte, la tímida muerte, la muerte que pronuncio
con tanta
ligereza,
buey de plata, caballo de plata, linterna que ilumina con
gemido de plata.
Dime, sólo la muerte, la cuchara de plata con rocío
lunático,
con jarabe de
ruina, con azul infuturo.
Dime, no es eso solamente, te juro que no es eso, que hay
claraboyas
nuevas en la lírica muerte, y hay farmacias,
que hay nocturnos espesos y papel infusorio donde escribir
con rosas de
ceniza.
Quiero creer que soplará el viento entomólogo,
quiero creer que habrá teatro, y biombos para arcángeles
púdicos,
porque escúchame, amor, escúchame, amor duro, yo escribo
este poema en hoja lanceolada,
en hoja que se empapa y hiere y se divide y me deja más sola,
mientras la muerte envía tordos embajadores, mensajes mirlos,
las aves y los
remos necesarios
con un frívolo aire de tragedia.
Me envía bestiarios, bestiarios míos hechos con falsas
manos
griegas,
detiene pájaros en mi solapa, detiene óleos y alondras en
la
quietud huesuda
de la noche,
y todo lo que quise lo envía, lo detiene,
y todo lo que quise, ballenas malvanegras y vino de arrecife
con caballos,
la uva del oleaje y alcohol de travesía,
lobos, lobos, ballenas,
animales investidos por mí, que relincharon arias para mí,
por mi palabra.
Amor de sueño vivo, amor de libro múltiple, amor
innumerable,
escucha, dime, no es locura la muerte, es una ceremonia, es
un suceso
más,
mira cómo relincha y canta el aria muda en la distancia que
arde,
mira cómo levanta con cascos y lianas y con crines las
columnas en
sombra
y cómo colma las mareas de aluviones y de agua de nenúfar
para el amor asesinado. |